Los dramaturgos en su lugar / José Romera Castillo Monográfico : El texto teatral.

Por: Romera Castillo, José, 1946 -Tipo de material: ArtículoArtículoDetalles de publicación: Madrid : : Asociación de Autores de Teatro, , 2015ISSN: 1575-9504Tema(s): Autores de teatro | Literatura y escenaRecursos en línea: Ir al artículo (texto completo) En: Las Puertas del DramaAlcance y contenido: "En la historia de nuestro teatro, en el teatro áureo más concretamente, la palabra autor no tenía el mismo significado que el que posee hoy día. Se denominaba poeta al creador de los textos y autor al que gestionaba y dirigía la compañía teatral. Este autor de compañía solía ser el primer actor y organizador de cuanto se escenificaba y, a la vez, era un verdadero empresario que compraba los textos a los dramaturgos (pagaba los derechos de autor, diríamos hoy) y hacía con ellos lo que le venía en gana: adaptaba, eliminaba, añadía, mudaba, revendía. Los poetas -si no todos-, una vez que cobraban, se desentendían de sus textos, llegando los autores de compañía a ser verdaderos artífices de la manipulación de las obras, que, incluso, cuando se publicaban podían atribuirse piezas que no eran suyas a un dramaturgo de renombre. Hecho muy frecuente, y que culmina, por ejemplo, en el caso de Tirso de Molina, al que se le atribuyeron diversas piezas que, en realidad, según se está demostrando, eran de Andrés de Claramonte. En estos casos, el dramaturgo, con escaso aprecio a su obra, dejaba que esta fuese claramente manipulada...".
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REV407 407 Núm. 46 (2015) Enlace al recurso No para préstamo El texto teatral REV407 46

"En la historia de nuestro teatro, en el teatro áureo más concretamente, la palabra autor no tenía el mismo significado que el que posee hoy día. Se denominaba poeta al creador de los textos y autor al que gestionaba y dirigía la compañía teatral. Este autor de compañía solía ser el primer actor y organizador de cuanto se escenificaba y, a la vez, era un verdadero empresario que compraba los textos a los dramaturgos (pagaba los derechos de autor, diríamos hoy) y hacía con ellos lo que le venía en gana: adaptaba, eliminaba, añadía, mudaba, revendía. Los poetas -si no todos-, una vez que cobraban, se desentendían de sus textos, llegando los autores de compañía a ser verdaderos artífices de la manipulación de las obras, que, incluso, cuando se publicaban podían atribuirse piezas que no eran suyas a un dramaturgo de renombre. Hecho muy frecuente, y que culmina, por ejemplo, en el caso de Tirso de Molina, al que se le atribuyeron diversas piezas que, en realidad, según se está demostrando, eran de Andrés de Claramonte. En estos casos, el dramaturgo, con escaso aprecio a su obra, dejaba que esta fuese claramente manipulada...".

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